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Tarantino: diálogos con gloria

inglourious_basterds

Tengo la suerte de haber visto la mayor parte de la filmografía de Quentin Tarantino, no por un mero azar, sino porque sus películas cumplen a cabalidad con lo que pienso que debe tener el buen cine. Y entre esos elementos, destacan los diálogos.

En “Reservoir dogs”, la escena en la cafetería en la que tiene lugar  una discusión sobre la conveniencia de dejar o no propina, debe ser una de las más  notables conversaciones que se han dado en la pantalla grande. Lo mismo sucede con el relato que Jules Winnfield (Samuel L. Jackson) hace a Vincent Vega (John Travolta), en “Pulp fiction”, sobre el nombre que recibe el “cuarto de libra” de MacDonald’s en Francia, o con el que más tarde sostienen los mismo personajes sobre la calidad de los masajes. Mafiosos, delincuentes, hombres rudos y armados hasta los dientes, conversando de temas tan banales como simples y cotidianos.

Algo similar ocurre en la recientemente estrenada “Inglourious basterds”, en la que tienen lugar tres diálogos de antología. El primero, al comienzo del filme, donde el temible coronel de las SS, Hans Landa, apodado “El caza judios” y representado con maestría por Christoph Waltz, somete a un despiadado interrogatorio a un campesino francés (Denis Mechonet) acusado de ocultar en el sótano de su casa a una familia judía. Una escena memorable, caracterizada por una permanente tensión que sólo es cortada, durante un leve segundo, por ese humor tan propio de Tarantino, que raya en lo absurdo.

El segundo, ya en la mitad de la cinta, transcurre en un elegante café parisino entre Shosanna Dreyfus (Mélanie Laurent), única sobreviviente de la matanza que prosigue a la escena anterior, y, nuevamente, Landa, quien le insiste respecto de las bondades del strudel de manzana con crema que sirven en el lugar. Nuevamente, tensión y humor son las claves del momento.

Y el tercero, en un bar colmado de soldados alemanes, entre la agente doble Bridget von Hammersmark (Diane Kruger), el teniente británico Archie Hicox (Michael Fassbender), dos “bastardos” y un oficial de la Gestapo. Los ingredientes son los mismos que en las dos anteriores escenas, pero con un desenlace rápido y sorprendente.

Como dijese alguien por ahí, ésta “es una película de Tarantino al 100%, con sus diálogos prodigiosos, sus largas secuencias en las que la acción es puramente verbal y gestual y, después, por supuesto, con sus ejercicios de salvaje violencia desatada, en los que no se salva ni el apuntador. Una película que irrita tanto como enamora, pero que no deja indiferente a nadie, algo que debería ser obligatorio en cualquier manifestación artística que se precie”.

Puede que “Inglourious basterds” no sea la “obra maestra” a la que  el director, en boca del tenitente Aldo Raine (Brad Pitt), se refiere al final de la película. También es probable que no le alcance para situarse dentro de los mejores filmes del año. Y, tal vez, incluso podamos entender que alguien afirme  que ni siquiera se trata de una buena cinta. Pero si de algo podemos estar seguros, es de que estamos frente a una nueva confirmación de que los diálogos siguen siendo la mejor carta de presentación de Tarantino.

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4 comentarios

  1. B says:

    Hola! Completamente de acuerdo! De lo mejor de Tarantino y del cine en general!

  2. rodrigo polizzi says:

    yo creo que hans landa es lejos el mejor villano que se ha visto en el cine hace ratito.
    Se come enterito al guason de ledger

  3. Daniel Canala-Echevarría S. says:

    Y no es cualquier villano, sino uno que habla perfecto inglés, francés, alemán e italiano. Suave.

  4. Celeste says:

    Buena Pelicula!
    Excelentes Dialogos!
    Divertidisimo el Teniente Aldo Raine y el Coronel Hans Landa…!!!

    Saludos!

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